Liébana es ajedrez

22/04/2013 12:00



No recuerdo exactamente si fue el GM De la Villa, o algún otro cronista de los muchos que han narrado las vicisitudes que a lo largo de más de tres décadas se han dado en los veranos pirenáicos oscenses, quien acuñó la frase "Benasque es ajedrez". No estoy seguro. Pero si de algo sí que estoy realmente en lo cierto es de que, a un nivel mucho más modesto, más propio de la realidad actual de nuestra Cantabria, el título que encabeza este escrito es ya, por derecho, una verdad incuestionable, después de tres ediciones de los Encuentros de Ajedrez en Liébana.

Parece que todo en Cantabria se derrumba, desde el punto de vista deportivo, fundamentalmente, parece que todo va a menos. El Racing se nos hunde, el Teka desapareció ya hace tiempo, el Cantabria Lobos no es más que un vago recuerdo, las federaciones deportivas se aprietan el corsé, más que el cinturón, que imponen nuestras desafortunadas circunstancias económicas y reducen su actividad... pero ¿y el ajedrez?

Creo, sinceramente, que el ajedrez cántabro está creciendo de un modo, esperemos, imparable. Poco a poco, y cada vez más personas, se van dando todos cuenta de los indudables beneficios que este deporte tan peculiar aporta a la gente menuda, a aquellos que se encuentran en etapas cruciales para su formación personal e intelectual; y de verdad pienso que es esta idea, y no otra, la que impulsa a Toñín, verdadero artífice (aunque no el único) de la auténtica eclosión que vive el huevo ajedrecístico lebaniego.

El sábado 20 de abril, durante la entrega de premios del torneo de rápidas por equipos, anunciaba, con un halo de satisfacción más que merecida por el trabajo bien hecho, que ciento veinte niños de la comarca de Liébana habían participado en el torneo de edades celebrado por la mañana en la gran carpa instalada en el centro de Potes.

Lo de menos fueron los resultados, sin duda, que, por otro lado, los amantes de la estadística podrán consultar siguiendo los enlaces pertinentes desde nuestra propia página federativa. Lo importante de verdad fueron los trescientos sesenta niños que permanecieron, durante varias horas, practicando una actividad que les encanta, que les beneficia y que complementa a otras más bien de orden físico. "Mens sana in corpore sano".

Los chicos no solo disfrutaron poniendo en juego todo aquello que aprenden allá donde se les imparten clases de ajedrez: escuelas municipales deportivas, colegios, clubes... o en sus propias casas.

También tuvieron la oportunidad de observar en directo un ajedrez gigante y de soltar algo de adrenalina escalando y lanzándose por una tirolina, todo ello enmarcado en un día radiante, a pesar de que la temperatura no fue del todo primaveral, y en el entorno magnífico que ofrece cualquier rincón del Parque Nacional de los Picos de Europa, y más aún en la bella y acogedora capital de Liébana.

Ya por la tarde, 23 equipos de Cantabria, Asturias y el País Vasco compitieron en un torneo por sistema suizo para hacerse con los doce puntos que el Circuito de la Amistad otorga a los vencedores de sus eventos.


Como sucede casi siempre en este tipo de torneos, las partidas transcurrieron con mucha deportividad, dándose casos como el de un jugador de Salcedo que abandonó, restándole 11 segundos a su rival de Solvay "B", por si no le daba tiempo a dar mate en una posición abrumadoramente superior por parte del torrelaveguense.

El torneo fue dominado, de principio a fin, por los dos equipos que presentó Solvay, y aunque la victoria final cayó del lado de los "mayores" de Solvay "A" (Bernal, Marcos, Juan Carlos y Álvaro Jiménez), bien cierto es que los "peques" de Solvay "B" (A. Martín, Tejedor, Pozueta, Adrián G. Laso y Javi García) fueron líderes durante casi toda la competición, cediendo tan solo en el tramo final.

Me parece destacable el hecho de que los dos conjuntos de Solvay disputaron un total de 96 partidas. Si exceptuamos el match entre ellos que concluyó con victoria de Solvay "A" por 2,5-1,5, entre los dos equipos tan solo perdieron dos partidas, y las dos ante el mismo rival: ¡ni más ni menos que el Presidente de la Federación Cántabra de Ajedrez!

Y, como era de esperar, el ambiente festivo continuó durante la cena que supuso un más que digno colofón a un día de ajedrez perfecto. Las ganas de reír y de pasarlo bien se desplazaron desde el tablero de los 64 escaques a las amplias mesas circulares que el Hotel Valdecoro dispuso para que todos nos mezclásemos en excelente armonía y para que tirarle trozos de pan al vecino de enfrente resultase más fácil.


Juan Carlos Fernández Fernández

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